El Deporte & la Vida

Con el equipo iliáster consideramos que la salud física, mental y emocional son claves fundamentales para lograr ese hermoso espacio de la vida que llamamos libertad.

Libertad a querernos de verdad. Nos metimos en la intimidad de un día de partidos con las chicas de hockey del Hindú Club para conocer más cómo es una vida dedicada a la pasión.

 

 

Es la una de la tarde de un sábado nublado, denso, de esos que remontan más a un ambiente tropical que a uno del norte del Conurbano bonaerense cuando nos disponemos llegar al club.

Pasamos por el buffet donde chicas desde los 5 años en adelante se encuentran a tomar y comer algo mientras aguardan por jugar o por mirar algún partido más. Siempre puede haber un partido más.

 

 

“Están los partidos de la 5ta, la intermedia y después venimos nosotras a las 16, pero yo estoy desde temprano en el club” nos cuenta Magali Montori, jugadora de la primera.

Ahí entendí de que más que un club, es una familia.

El todo es anterior a las partes pero cada parte es fundamental para la columna vertebral de estos equipos, sin cámaras ni selfies, y sin distracciones por demás, acá sólo se trata de jugar.

 

 

Al lado de la cancha, con las chicas de la intermedia que estaban aguardando por jugar se dió una charla. Algunas con más vergüenza que otras, comentaban la dedicación que esto requiere: Tres horas, tres veces por semana. Los sábados es todo el día en el club, ya que luego de finalizar su partido se quedan en el famoso Tercer Tiempo.

El tercer tiempo consiste en cocinarle al equipo rival y compartir un momento de distensión todos juntos. Esa competencia tan sana y leal es una de las características que tiene este deporte: ante todo, la humanidad.

La competencia es primero con una misma para mantener un nivel de juego, luego con sus propias compañeras ya que todas desean jugar y recién después contra el equipo contrario.

 

 

Mencionaban que algunas estudian Diseño, Arte, Teatro, Comunicación, Profesorado de Educación Física, Actuario y un catálogo de distintas carreras.

Quizás la vida no decidía juntarlas por sus gustos tan diversos, pero gracias al Hockey son amigas y de tiempo completo.

Los mayores sacrificios son dejar las escapadas de fin de semana o los viajes al extranjero, el compromiso con el club, para ellas, no tiene fecha de vencimiento.

 

 

Era un día de partido, pero no era un sábado más. Iban a enfrentar a San Cirano, equipo contra el cual años atrás habían perdido la categoría. Con vestigios de aquel momento tan duro y difícil, con el deseo de revancha, no por lo que significaba ese partido en sí, sino por el orgullo propio y el amor a la camiseta, por esos llantos desconsolados y caras amargas durante entrenamientos añorando aquel día en que ese gol que les aseguraba la permanencia en la B no se pudo dar.

Este partido se jugaba por el honor, a puro corazón, porque la herida era vieja pero enfrentarlas a ellas tiene un condimento más.

 

 

Por dicho motivo el lado de la cabeza/táctico iba a ser bien planificado por su Coach “El Riflle” Carlos Fioroni Huguito (según lo llaman ellas).

Huguito estudia Neurociencia, ésta trata la parte del cerebro que data de cómo funcionan nuestras conexiones neuronales y  trabaja para generar mejores resultados no sólo en el partido, sino también en el día a día.

Si bien es un equipo, las chicas cargan, como todos, con cuestiones personales, laborales, amorosas que a veces se descargan en un llanto tras haber perdido una pelota en un entrenamiento.

El trabajo de Huguito es charlar con cada una como seres individuales, atendiendo el contexto, la coyuntura en la que les tocó vivir, los valores y juicios que aprendió durante sus primeros años de vida para conseguir un bienestar personal y colectivo.

 

 

Si cae una, todas la levantan, en el deporte o en la vida de eso se trata, crecer todos los días.

Por ejemplo, el enojo de una jugadora cuando es reemplazada durante el partido, es tratado con un ejercicio psicológico que consiste en sostener una lapicera entre los dientes; eso cumple la función de mantener a la jugadora con una sonrisa en la cara, así el cuerpo le informa al cerebro que está feliz y logra sobrellevar el enojo.

 

 

Otra forma de preparación es el Mind-fullness o meditación mirando fijamente a la bocha (pelota utilizada para el Hockey) durante 10 minutos intentando evadir todo tipo de pensamiento.

Antes del partido tuvieron una charla en donde les daban las últimas directrices y les decían:

"imaginen el peor momento que puedan llegar a vivir en el partido” para que, en caso de que suceda, reconozcan el sentimiento y eviten bloquearse para reaccionar rápido y seguir concentradas en el juego.

 

 

Se aproxima la hora del encuentro pero ellas siempre tienen su momento para verse espléndidas en cada partido. Las trenzas cosidas perfectas hechas por ellas mismas o por alguna compañera. Sus colitas de tiras celestes y amarillas junto con alguna vincha para evitar que el pelo las moleste al jugar. Para completar el outfit, argollitas en las orejas y todo listo para empezar.

 

 

Llega el comienzo del partido y no faltan las ex-jugadoras/amigas de las chicas alentando desde un costado de la cancha. Algunas me comentaban que aman el club, como Manuela Miretti, ex jugadora y ahora estudiante de teatro, quien en este momento, por cuestiones de la vida, apuesta ahora por otra pasión como actuar, pero a este partido no quería faltar.

 

 

Jugadoras de otra categoría, familias, hermanos/as hacen el ritual “Puente” para que pasen a la cancha aplaudiendo y arengando ese sagrado momento.

Ellas saben que cada partido es una oportunidad más para disfrutar, pero la seriedad y la concentración la tienen más que un profesional.

Se viene la arenga y los “ésta es nuestra casa, acá no son nada” resuenan como grito de guerra, con sus palos agarrados como si fueran sus banderas, ellas saben que representan a un emblema.

 

 

Inicia el partido. 1-0 abajo rápido pero se recuperan a los pocos minutos del primer latigazo.

El desenlace de la historia por suerte es el esperado: 3-2 arriba y es todo alegría.

 

 

Lo que motiva en este 2018 al hermoso grupo del plantel superior es seguir dando el máximo en cada encuentro para mantener un nivel competitivo, y al mismo tiempo continuar realizando cenas, bailes y ferias para recaudar fondos y lograr su gira por Europa.

Dar todo por su objetivo sin poner excusas, de eso hablan estas verdaderas guerreras.

Porque son chicas que con un no, no se conforman. Ante la adversidad de un gol dan pelea. Ellas ya están listas para lo que sea.

 

1/6

 

Texto: Florencia Diantonio - Fotos: Vicky Medici para Revista Iliáster 

 

 

 

 

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