Elevación Vaporwave

February 26, 2018

Si me preguntaran qué es lo que me genera recordar los ´90, diría que pura nostalgia, así como cualquiera de nosotros que haya vivido esa época con cierta intensidad.

Yo era chiquita, pero eso no me detiene a afirmar mis recuerdos de una sociedad que se remontaba en el consumismo, donde el sobreestímulo a comprar y tener venía desde todos lados, desde la chatarra más barata y colorida importada desde taiwan hasta la última novedad tecnológica traída del “primer mundo” (siempre me pareció absurda esa frase).

 

 

Vengo de una familia de clase media que decaería post crisis del ´01, y hasta ese momento nos cabía cierto tipo de consumismo noventero. Tenía VHS para ver una y mil veces la película de “El Rey León”, cassettes de mi madre para escuchar Pearl Jam, Nirvana, Sumo & Charly García.

Una consola SEGA para jugar con más de 10 cartuchos distintos.

Mi abuela me hacia escuchar cuentos en vinilo y a medida que pasaban los años los soportes iban cambiando. Todo se modernizaba a una velocidad impensada años atrás.

La computadora personal para el hogar había llegado para quedarse; sin embargo no fue así con otros cientos de productos que resultaron ser un fracaso del mercado. A  fin de cuentas,  se trataba de eso, mercado: producción y venta a gran escala para recaudar enormes ganancias a un bajo costo. Las fronteras comerciales estaban abiertas y libradas a la mano invisible…

 

 

Mientras ciertos productos caducan, otros vienen a reemplazarlos, el fin de la vida útil y la caducidad programada parecieron volverse un concepto llevado al estilo de vida de muchas personas. “Todo tiene fecha de vencimiento” o “lo viejo es reemplazado por lo nuevo”, son discursos que comenzaron a grabarse en el inconsciente colectivo.

Los impulsos del mercado competitivo empezaron a llegar realmente lejos, alimentando el fetichismo por las mercancías. Los objetos comenzaron a confundirse con las personas, y empezaron a ser depositarios de amor y demás sentimientos que lejos están de ser propios de los mismos. Sin dudas parodiable, aunque un tanto loco y real.

 

 

Miraba colgada durante largos minutos el protector de pantalla de Windows, donde ese logo tan característico recorría un laberinto virtual con esa rústica y llamativa gráfica, ¡o la pecera viviente... muy remember! Me resultaba excitante tener nadando en mi pantalla peces animados como si fueran reales.  En el ´98 era chica y mi primer contacto con la computadora fue jugar al Buscaminas y dibujar con Paint, por lo menos hasta que llegó Internet (¡tan lento!).

Conectado a la red telefónica con ese particular sonido que me aprendí de memoria.

No podías usar el teléfono fijo si estabas conectado. Entonces era Yahoo El buscador que todos usaban.

 

 

 

Esa pantalla  era la ventana a un nuevo universo virtual, desconocido y por qué no también temible. Después de todo ¿quién sabe qué podría filtrarse por allí ?  y causar estragos muchas veces imaginados por directores de cine (varias películas de la época fueron responsables de crear algunos de esos fantasmas).

 

 

Las consolas de videojuegos como Nintendo DS o Gameboy me volaban los pelos, Family ya había quedado atrás, sobretodo con la irrupción de Playstation (sólo mis primos de España la tenían). Los jueguitos en 8bits y sus sonidos hoy evocan recuerdos de horas de diversión a solas o con mis amigues.

La TV por cable era protagonista de esa época, contribuyó muchísimo a la globalización  en lo que respecta a la música, moda y tendencia. La cultura gamer se gestó en mi junto con millones de esa generación por esta oleada de  productos, consolas, animaciones/gráficos, juegos y juguetes nipones. Amé Saylor Moon y Power Rangers, miraba MTV alucinada con mis vecinas mayores. En síntesis, chatarra industrial de todo tipo y de todas partes del mundo.

 

 

Convivían los dispositivos analógicos y electrónicos. Hoy miro en retrospectiva ese proceso y veo que todos esos objetos que quedaron obsoletos para el mercado, hoy son depositarios de un amor nostálgico y fetiche. Una rara especie de nostalgia existe en la iconografía y los sonidos de la cultura consumista de los ´90.

 

 

Hay rincones del <<Cibermundo>> donde todas esas partes que quedaron obsoletas, están siendo retomadas y re versionadas, combinadas y almacenadas nuevamente en forma de arte, música & estética, en un nuevo movimiento llamado VAPORWAVE. Que comenzó a ramificarse aparentemente sin límites (la música es infinita, lo interesante es la dirección en que se expande). Conceptualmente anarquista, música moderna con aire a vieja, integra sonidos de aparatos electrónicos como videojuegos, juguetes, sonidos originales de Windows ´95 y una estética fiel a lo mismo. Muchas personas alrededor del mundo se unieron a este movimiento nacido en internet a partir del 2010.

 

 

Hace unos meses atrás un amigo chileno coleccionista de vinilos y productor de música me regaló un cassette producido por él donde había compilado las creaciones de varios artistas colegas, de un lado suena pura Electrónica y del otro lado Indie Rock. ¡Me hizo flashear! el soporte en que se presentaba la música con su sonido tan característico, escucharlo me dió escalofríos.  Me transportó directamente a mi infancia, y al toque entendí de qué se trataba… Quien haya vivido esa época  querría recordarla, activar esos sentidos que permanecían adormecidos dentro de los recuerdos. Este flashback a los ´90 se está generalizando, toda una generación está retomando aquellos elementos, haciéndolos catarsis y transformándolos en arte.

 

 

Esta música me lleva a un estado de ensoñación, así tal cual como lo hace mi cerebro al evocar un recuerdo. Pero un hermoso recuerdo. A mi propia infancia y adolescencia.

Venía con ganas de escribir algo sobre esta nueva corriente. Fue tal la intención que Facebook me invita el viernes 30 de enero a un evento Vaporwave en Atom Bar, organizado por la Vaporcrew 95 en pleno San Telmo.

 

 

Atom es el primer  bar de arte sonoro e intermedia en Argentina. Celebran la creatividad y organizan varias actividades idóneas a su estilo único. Así que cuando vi este nuevo evento no dudé y compartí esa data con mis compañeros de ILIÁSTER. Esperando conocer más sobre esta movida. Activamos con Vicky y nos encontramos allí mismo para presenciar lo que sucedería.

Nos sentamos a tomar una cerveza y comer papas con crema, mientras iban llegando poco a poco los asistentes.

 

 

La música que está sonando te deja hacer cualquier cosa: bailar, leer, charlar, o simplemente quedar estático en tu lugar observando las proyecciones que algo tienen de hipnotizante.

Los pibes están ejecutando la música desde cero, son como nerds de la electrónica, y me encanta. Esta 4ta edición de la ECCOJAMS, destaca por su interactividad, quienes quieran pueden sumarse a crear sobre el set up sin tener que contar con grandes conocimientos específicos, o ser Dj profesional. Lo mismo con las visuales.

Todo en un ambiente cálido y armónico establecido por el  beat llevadero que suena, materializando sentimientos de nostalgia y relax, una suerte de vapor elevación.

 

 

 

Compartiendo este estado de hipnagogia entre charlas, cervezas, o fumando en la vereda, se encuentran jóvenes adeptos a esta cultura, que se sienten más o menos representados estéticamente por este movimiento originario del internet.  

Si pasabas esa noche por la puerta del bar, aunque no conocieras de qué se trataba el evento, seguro caías dentro de ese trip. Aunque sea por pura curiosidad, o por pura casualidad, si viviste los ´90 el VAPORWAVE  va a moverte el piso de los recuerdos y situarte en un contexto otro, una suerte de viaje al pasado ejecutado desde la más prendida creatividad moderna del ´18.

 

 

Por Sofi Godzic - Fotos de Vicky Medici para Revista Iliáster.

 

 

 

 

 

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