Un Atelier en París

Es un día soleado en París y vamos de camino al museo Louvre, por alguna extraña razón tenemos una absurda obligación de visitar ciertos lugares “debidos” estando aquí en Francia, como el arco del triunfo, la torre Eiffel o el museo Louvre. 

Sé que hay grandes obras y artistas ahí, ¡lo mejor del arte en la historia de la humanidad! sin embargo realmente no me siento interesado en ir. Pero no quisiera herir los sentimientos de Nicolás, mi compañero de viaje y aventuras, además es una visita que planeamos con anticipación y hablamos tanto al respecto.

 

 

Desde que salimos del hotel que no decimos una palabra, Nico pareciera esconderse tras sus lentes de sol y su nuevo sombrero en completo silencio. Ambos totalmente ausentes y desganados, tomando calles al azar & caminando sin sentido. Yendo y viniendo de camino al Louvre, pero noto que paso a paso y casi inconscientemente nos alejamos de ese lugar. Entonces siento la impericia de ser sincero y le digo a Nico: _¡Me da paja ir al Louvre!_

_Aaaah! ¡Yo tampoco quiero! _ me responde con un grito sorpresivamente entusiasta.

 

 

Ante esta mutua confesión nuestros cuerpos cobran nueva vida. Por primera vez en el día nos miramos a los ojos, sonreímos y tras una breve charla acordamos dejarnos llevar por el color Amarillo, seguir el rastro de este color donde sea que aparezca hasta llegar a un buen lugar. Acordamos también decirnos las cosas sin temor de aquí en más, para evitarnos caminar cuadras en círculos escapando de la realidad.

Al rato entramos a una vieja mansión con una enorme puerta amarilla. 

Un atelier de arte en medio París, la entrada es inevitable para quien disfrute de la expresión artística y el diseño. Una imponente escalera de caracol  nos lleva piso a piso en un laberinto lleno de colores y arte hasta la última esquina. Rápidamente Nico y yo comprendimos ¡este es lugar que queríamos! ¡donde al arte estuviera vivo! nos separamos y cada quién emprende su recorrido.

 

 

En palabras simples un atelier es la oficina del artista. Un lugar donde dispone de los materiales y medios precisos para desarrollar su trabajo.

Es frecuente encontrar este tipo de edificios a lo largo y ancho de la ciudad, generalmente están abiertos al público como una buena forma de promocionar, sumar colaboraciones de los visitantes y sobre todo poner de manifiesto que en París el arte es un trabajo más

 

Hay un punto de partida básico y fundamental, en Francia son los propios artistas quienes se niegan terminantemente a trabajar gratis. No hay lugar para "favores" para los “amigos” ni intercambios, ni canjes, ni  ninguna patraña por el estilo. Quien precise de un artista, debe contratarlo y este hará su trabajo acorde al presupuesto acordado. Como cualquier otra profesión.

 

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El arte como un negocio, sí un negocio por cierto muy lucrativo. Algo que por una extraña razón en América latina a los artistas les cuesta tanto admitir. Y contrariamente crecen con vergüenza a ganar, temor a obtener beneficios económicos. Absurdamente el artista es incapaz  de poner en valor su trabajo y termina por regalar sus obras, literalmente gratis, o a cambio de ridículas sumas. Y día a día el artista se desvaloriza, y el arte se vuelve algo anecdotario y la profesión decae y acaba por convertirse en un pasatiempo y no un oficio. Un círculo vicioso que lleva a la clásica frase de mierda: "Si te dedicas al arte te morís de hambre" y pareciera no haber mucho más.

 

 

Todo cambio parte desde uno, uno como escritor, fotógrafo, como modelo, como pintor, como músico, etc. Diciendo NO a lo gratis. Siendo tajante y consecuente con ese "amor por el arte"

Hacer las cosas por amor al arte no es hacerlas gratis, basta de esa estupidez. Es muy por el contrario darle el valor tanto espiritual y monetario que esta actividad merece.

Si el arte prolifera por todo París en hermosos lugares, es gracias a que los artistas no se dejan menospreciar. No caen en la mentira de que el arte debe ser "gratuito" y el artista una especie de "santo" que se desangra en pos de un mensaje. Ridiculeces que aún forman parte del inconsciente colectivo de nuestros artistas.

 

 

En cada piso, en cada habitación y rincón se puede apreciar a grandes artistas, trabajadores de todas las edades y disciplinas, negociando con clientes, compartiendo con el público, compradores potenciales. Dejando de lado la ridícula culpa de ganar dinero, de ser un empresario "aquel que emprende su propio vuelo" sin miedo a hacerse valer y volar.

 

Este paseo despierta algo en mí, una nueva idea sobre el haber vivido con culpa tantos años. Culpa de decirle "no quiero ir al museo Louvre" a un amigo. O con miedo de ser un artista que habla sobre ganar dinero.

Viejos prejuicios en la forma de pensar que no llevan a ningún lugar.

Y aquí en París el arte si tiene lugar!  aquí es donde llegan quienes dejan los prejuicios de lado. Aquí es donde el arte está a la venta!

Me vuelvo a encontrar con Nico a la entrada del atelier. Noto en su mirada y sonrisa que ha hecho el mismo descubrimiento que yo. El verdadero valor del arte...  

 

 

Texto: Raímundo Montt - Fotografía: Nicolás Lucociero. 

 

 

 

 

 

 

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