Entrevista con Christopher Rosales (Mi Vida Junto a Sasha Grey)

April 13, 2017

Mi vida junto a Sasha Grey: Del fragmento, el fracaso y los sueños rotos. (Por Pamela Hermosilla).

 

 Fotografía. Álvaro Pardo

 

¿Quién es Christopher Rosales?

 

Soy profesor, aspirante a luchador de lucha libre -practico para eso-, ¿qué más soy? Alguna vez hice magia, soy amante de los videojuegos, licenciado en literatura y en educación, y un dog lover.

 

Entonces a partir de ahí podemos entender la diversidad de tus gustos e intereses y cómo eso se va mezclando en tu escritura, ¿no? ¿Crees que varios aspectos de tu vida tienen que ver con tu escritura?

 

Yo creo que sí, sin duda, y tienen que ver con experiencias cercanas a mi vida, no necesariamente propias, pero que configuran mi escritura porque son los insumos que tengo básicamente, y son los aspectos que me interesa presentar en contraposición a lo que por lo general se hace en la literatura, que son en el fondo mundos más bien letrados. Acá es todo lo contrario, son mundos ajenos a la literatura, osea yo siempre lo planteo como -ya que mencioné la lucha libre y sin ánimos de ofender a nadie-, si alguna vez tengo un personaje que es luchador o que le gusta la lucha libre, yo estoy pensando en un personaje que no es lector, sino que habita solo el otro mundo. O en el caso de mis personajes cuando son metaleros, que también es un aspecto que sí ha marcado mi vida, no pienso en el metalero estudiante de literatura que también podría ser, sino en el metalero que busca otra aspiración fuera de las letras.

 

 Fotografía: Álvaro Pardo 

 

Claro, osea a ti te gusta la fusión de llevar personajes cotidianos, no te gusta hablar sobre literatura, sino que tu intención es todo lo contrario.

 

Si, yo creo que ahí hay varios gestos, no sé si funcionan, pero al menos tienen que ver con la idea de resistencia. Es darle un espacio a esos personajes, de los que yo también soy parte, en la literatura donde hay re pocos, porque esta se queda en la anécdota. Por otro lado, me sirven para presentar una propuesta que tiene que ver con los sueños, pero con los sueños nimios o con los sueños banales, que es por ejemplo como esta imagen del cabro chico que quiere ser futbolista cuando grande, y que en el fondo es un sueño más o menos aceptado por la sociedad, pero es un sueño ridículo al fin y al cabo. Es como el sueño de los abuelitos, o de mis papás incluso, ganarse el Kino.

 

Entonces ¿cómo es la construcción de tus personajes? ¿Dónde se sitúan?

 

Yo hablo de personajes marginales, eso creo que es central. Personajes marginales sin propósitos definidos en su vida, con sueños pequeños, insignificantes, tontos, como el de querer ser actor de películas de artes marciales o tener un funeral similar al de un narco, querer recuperar un amor de infancia que se gestó por medio de juegos online, o el huir de tu vida que se derrumba por medio de una musa de la industria pornográfica, etc. Siento que mis personajes se articulan desde allá y que son todo lo opuesto a los personajes heroicos que pueden existir en otro tipo de literatura, porque mis personajes no son héroes de nada y no lo van a ser nunca, no son aristócratas, no son parte de la realeza, no salvaron a nadie en ninguna guerra porque no las han vivido. Tampoco son herederos de algún legado de la dictadura, o sí pero de manera muy distante, porque no la conocen y no es un tema ligado a su cultura, y es simplemente porque no tienen cultura.

Mis personajes son justamente aquellos que no podrían leer mis libros. Ese tipo de personaje me interesa, porque no leerían mis libros, probablemente el de un youtuber sí, pero no leerían nada más. No van al teatro, no saben de cine-arte y no les interesa y eso está bien. Mi literatura en ese sentido se gesta desde la oposición a esa cultura. Podemos llamarlo contracultural, pero no me quiero encasillar ahí por el mero término, sino más bien en la idea de que han sido personajes olvidados por la cultura, y como olvidados por la cultura ellos se aferran a otras cosas que son contraculturales. Entonces yo no voy a hablar sobre el escritor joven que se ganó una beca para escribir en Nueva York. No me interesa en lo más mínimo, lo encuentro ridículo, soberbio y sobre todo absurdo, como creyendo que eso le importa al lector. Yo sé que mis personajes no le importan al lector, pero porque no le importan a nadie.

 

 Fotografía Sebastián Tuma.

 

Entonces constantemente se está generando una tensión en tu narración.

 

Sí, además se contrapone a otro tipo de literatura que te obliga a fingir que entendiste todo, o algo, y que te obliga a buscar información que debieras saber como lector instruido. Por ejemplo, Jorge Edwards menciona una serie de autores franceses en sus libros, lo que en mi equivalente es cuando te nombro juegos de rol que no conoces, y ahí tienes tres opciones: abandonar la lectura –que es lo que yo haría con Edwards- , pasarlo por alto y suponer sobre lo que se trata y, tercero, googlearlo. Y creo que desde esta última alternativa es la posición que asumo, lo que puede ser un poco raro, pero tiene que ver con mi propuesta estética que está llena de guiños, pero no el guiño por el guiño, sino que por la intención de ser una pequeña espinita que molesta y que le dice al lector que a pesar que no esté enterado de eso es porque ese mundo ha quedado fuera de la cultura.

 

Me gustaría abordar un tema que comentaste anteriormente, y tiene que ver con estos sueños banales, fragmentados ¿cómo los plasmas en tu escritura y qué rol cumplen?

 

Mi rollo con los sueños absurdos o nimios tiene que ver con que todos hemos tenido este tipo de sueños y que son los verdaderos sueños. Como el niño tocopillano que ve la estatua de Alexis Sánchez y quiere ser como él, es un sueño absurdo pero verosímil.

Pero hay belleza en eso, hay verdad en esa búsqueda del sueño imposible y son los sueños que se oponen a lo que el sistema dice debes aspirar: que es estabilidad económica, emocional y familiar. Todo esto es lo opuesto porque puede ser cualquier cosa, como el tipo que quiere ser actor porno, o yo por ejemplo, que estoy yendo a un taller de lucha libre. Eso también es un sueño absurdo. El propio hecho de ir a un taller es muy ridículo porque en el fondo uno sueña con la WWE, pero no es algo a lo que pueda llegar, está vedado, es algo que solo puedes ver en la televisión, es como cuando mis compañeras del colegio querían entrar a Mekano. Pero esa ridiculez tiene belleza, porque te obliga a chocar con una realidad que es fea y de la que solo puedes huir aferrándote a otro sueño ridículo. Es como el sueño de ser escritor, que no es lo que me interesa escribir, pero es algo que logro ver en Bolaño: él escribe sobre poetas, pero no son poetas consagrados, son poetas que persiguen este sueño sin propósito de ser poeta. Eso lo encuentro hermoso, lo encuentro muy real y tiene que ver con una infancia que el mundo hábil desde niño te obliga a abandonar.

 

Al momento de leer tus libros me pasa una cosa: siento que todos tus personajes pertenecen a un mismo universo, es decir, veo un mundo único donde sucede Canciones espectrales y Mi vida junto a Sasha Grey, donde los personajes se cruzan tal vez. ¿Eso es intencional o es mera casualidad?

 

Ese es un juego que hago, intencional, y que tiene que ver con mi lector ideal que habla muy bien de ti, porque en el fondo lo lograste percibir. Pero yo sé que mucha gente no lo va a hacer porque son pequeños guiños que no tienen ninguna importancia y que se pueden entender por separado. Pero sí parecieran ser un mismo universo, así como estas conspiraciones de Pixar, que cuando se unen todas las películas te explota la mente; esto es lo mismo pero de una manera más precaria. No quiero conectarlo acá explícitamente para ver si se logra, pero mis personajes sí se cruzan, pero en tonteras no más, como el ir caminando por la misma calle, o en un partido de fútbol donde hay un tipo que lo podemos recordar de otro cuento. Aunque no son necesariamente los personajes principales, sino que son los personajes secundarios o hasta los extras que pertenecen a este mismo universo, donde todos comparten desde distintos ángulos una precariedad , entonces me interesa hacer familia con ellos, aunque no lo sepan están conectados, están metidos dentro de un mismo saco del que no pueden salir. Incluso yo estoy metido ahí y nos cruzamos y son conexiones intencionales, son marcas pensadas para un lector ideal, son secretillos que esperan ser descubiertos. Y es un sueño tonto mío como escritor esperar que los lectores noten eso.

 

 Fotografía: Álvaro Pardo

 

¿Piensas seguir desarrollando este universo en tu escritura futura? De ser así ¿cómo lo abordarías?

 

Me interesa trabajar este mismo universo en la medida en que me sirve para la propuesta estética que estoy elaborando. Me interesa más por eso que por el juego mismo de hacer la conexión. Creo que están condenados a cruzarse no más, porque subsisten gracias a los mismos artilugios, a estos despropósitos que les dan sentido a sus vidas. Yo no quiero que se agote el recurso, estoy consciente de eso, no es como que esté escribiendo y diga “aquí me falta la conexión”. Creo que se da porque efectivamente lo habitan, y este universo lo voy a seguir trabajando desde todas las vertientes posibles: ya sea desde un otaku, o un estudiante universitario que desertó o de un viejo que canta mal en la micro, y en ese mismo sentido ¿por qué no se irían a encontrar por ejemplo en la misma micro donde canta ese viejo?

 

Veo que tienes muy clara tu postura y tu línea escritural, por lo que me gustaría saber cuál es tu intención de fondo, desde dónde enfrentas el mundo que has desarrollado y hacia dónde quieres ir con él, porque este y sus personajes me generan una sensación de inacabado, de que algo falta.

 

Yo me sitúo al lado de esos personajes, yo soy parte de esos personajes, creo que ese es mi lema. Creo que esa combinación de lo real más allá de lo verosímil está latente en todas mis historias. En mi primera novela también y en lo que vendrá a futuro espero que eso se reconozca, espero que eso sea una especie de marca escritural estilística propia. A mi no me interesa lo pop por lo cool, o lo pop por lo meramente contemporáneo (aunque sin duda que también, es importante que se escriba del ahora, de los avatares de este mundo más allá de los dibujos de lo postmoderno). Me interesa hablar de lo pop por lo verdadero, de lo que conecta a estas generaciones y de la que formo parte. Y mi literatura es la literatura de los derrotados y me interesa escribir desde ahí porque no hay melosidad, no es tristona porque la vida de ellos no es así y no es lo que quiero retratar. A mi me interesa dibujar otras complejidades y lo hago desde el fragmento, porque en el fondo son historias que a nadie le interesa contarlas. Mi propuesta estética en lo que he escrito, en lo que seguiré escribiendo y que me interesa que perdure (va a sonar pretencioso), es un tanto Benjaminiana en esta idea del ángel de la historia, que trata de recoger esos fragmentos que no son los de los vencedores y que nadie quiere guardar porque no generan historia real, no cambian el mundo de nadie, ni siquiera el de los mismos personajes. Me interesa tomarlos como un rompecabezas pero sabiendo que no se pueden armar por completo. Por eso acojo lo que tú decías que no están completos, que queda mucho para el lector, pero no es por pereza, es porque no pueden estar completos ni en el presente ni en su futuro porque no son capaces de construir algo.

 

¿De qué se alimenta esa nostalgia que hay presente en tus narraciones?

 

Esa nostalgia, esos anhelos que no pueden concretarse son el pilar de esta literatura, porque ese sentimiento sin ser meloso reza por algo que no está y que no va a llegar nunca, y eso está de manera tácita en el relato: el lector lo sabe, y los personajes mismos también lo saben aunque se niegan a aceptarlo, y en esa negación y búsqueda reside la nostalgia y eso está presente en Canciones espectrales y en Mi vida junto a Sasha Grey.

 

Tengo una duda y me llama la atención ¿por qué escogiste a Sasha Grey como personaje? Y ¿por qué nominar al libro como Mi vida junto a Sasha Grey?

 

Ahí hay dos cosas. Lo primero es Sasha Grey como personaje por sí misma, ya que no es cualquier actriz porno, sino que hay una polisemia hacia ella que me interesa desde varios flancos: uno de ellos es el porno (innegable), otro es algo que también reconoce el protagonista del cuento -y que va más allá de ser bonita- es que no reniega del porno, se la considera como ícono feminista en algunos casos y es alguien que ha logrado ser lo que ha querido; trabaja en la industria porno, se retira, se convierte en actriz de Hollywood, en dj, escribe dos novelas, yo tengo una de esas, y que sin ser la gran literatura de este siglo, tampoco es mala. De hecho es mucho mejor que harta literatura erótica de este tiempo.

Además en uno de los conflictos estudiantiles que ha vivido Chile dos personajes se robaron la atención en Twitter. Uno fue Chomsky que manda un saludo de apoyo a la causa estudiantil y el otro es Sasha Grey. Ella en sí es un ícono, más allá de la industria porno, por lo que tiene todo el sentido que haya sido ella y no otra actriz, porque ella ha trascendido.

¿Entonces porqué escoger este relato como el que da el título a todo el corpus? Es el más largo, no sé si el más complejo, pero es el que tiene una historia muy dura detrás y el subterfugio del protagonista se ancla en esta actriz, pero esto pasa en el momento en que ella se retira, entonces este sueño ridículo de fuga se empieza a diluir. Creo que sirve para encasillar toda la propuesta estética que me interesa dibujar. Me parece que este cuento es el que mejor la retrata y por eso le dimos este nombre al libro, aunque siempre fue pensando con ese nombre, no fue una decisión editorial sino que era una decisión mía desde que comencé a escribir este libro, porque era el único nombre posible; en parte por ella, en parte por lo desafiante que es ponerle un nombre así a un libro. Sin duda que es atractivo, y también provoca millones de prejuicios.

 

 Fotografía. Sebastián Tuma

 

Si bien lo que cuentas parece haber sido una decisión fácil de tomar, ¿qué te cuesta al momento de la escritura? ¿Hay algo en particular que te dificulte la tarea?

 

Me cuestan los finales porque tengo una idea general que quiero retratar de los personajes, de cuáles son sus deseos, personalidad y sus propósitos que solo tienen sentido en sus cabezas, por lo que desde la génesis de sus historias se sabe que estas van a estar inconclusas porque no hay mucho que buscar ahí. Pero no hay una estructura en los cuentos de inicio-desarrollo-final, no hay un equilibrio, no se puede decir que en algún minuto va a pasar algo, no son Cortazarianos en el sentido que el cuento tenga que ganar por knock out. Aquí estos cuentos no pretenden ganar nada, ni siquiera saben si subirse al ring. Entonces son relatos complicados porque son fragmentos, son un rompecabezas con piezas perdidas, con vacíos, y nunca logro quedar conforme hasta que sale el libro y ya no hay nada que hacer. Trato de dejarlos de un modo que no me provoquen tanto ruido, sin que las situaciones se precipiten a menos que sea necesario.

 

Pensando que en algún minuto mencionaste que a veces puedes estar al lado de estos personajes y sus historias, ¿hay alguna anécdota que te haya pasado a ti o algo que te hayan contado? Cuéntanos qué tanto de la realidad tomas elementos para la construcción de este universo.

 

Claro, todos los personajes y las historias tienen muchas cosas que he sacado de experiencias cercanas no necesariamente mías, sino que de amigos, enemigos, parejas, vecinos, leyendas urbanas de mi barrio. Sin ir más lejos, en “El último gol”, cuento que tiene como protagonista a un soldado, pero no uno de guerra, sino que uno de estos chicos que trabajan para narcotraficantes entregando drogas y son los más marginales de todos. Este soldado es el Sicópata de las plantas, y le dicen así porque lo otro que hace para costear sus vicios es robar plantas del patio de los vecinos, y es un robo muy fácil finalmente. Y este personaje es alguien que conocí de niño, porque había alguien acá en el barrio (que en paz descanse) que justamente hacía eso y lo apodaron como sicópata de las plantas.

Esto se mezcla además con otra historia que es la del último gol, que es básicamente un rito fúnebre para alguien respetado del mundo del “hampa”, como dirían los periodistas, y consiste en atravesar con el féretro el arco de una cancha de fútbol de barrio, lo que es muy chocante y al mismo tiempo atractivo, porque habla de algo muy opuesto a lo que hace la alta cultura, pues esta le quita carisma al rito mismo, le quita la festividad que puede tener en otros sectores de la sociedad, y yo lo encuentro muy interesante, por el contraste y por el ritual. En este cuento hablo de cómo el Sicópata de las plantas sueña con tener un entierro digno de un narco, cosa imposible porque él es simplemente un ladronzuelo, está excluido de tal solemnidad. Además también es malo para la pelota, así que doblemente excluido.

Entonces en esta historia yo mezclo dos cosas que conocí: yo fui al entierro del hijo de un narco, porque él era compañero mío, e hicieron el rito del último gol. Y sí conocí al Sicópata de las plantas, porque más de alguna vez le debe haber robado plantas a mi mamá. O como en mi libro anterior, cuando los personajes recuerdan el asesinato de un perro en manos del abuelo de ellos. Esta historia yo la oí en el sur, por un amigo mío al que le piden sacrificar al perro porque estaba muy viejo, y este amigo, metalero, con unos amigos deciden matarlo en un cementerio de la peor forma posible: ahorcándolo, por lo que la muerte es lenta y no sabían bien cómo hacerlo.

En el libro no aparece así, pero sí hay algo de esas historias en mis relatos.

 

 

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