Contrato Cerrado.

November 17, 2016

 

El maletín atacó violentamente su mano, el hombre pudo reaccionar a tiempo y por una fracción de segundo evitó la mordida.

No era la primera vez que su valija le jugaba una mala pasada como esta. Siempre hambriento de documentos, ávido de contratos, deseoso de dinero. 
¡Pobre hombre! últimamente se vió obligado a estafar a la gente, sólo por satisfacer el voraz apetito de su maletín:
_<< ¡Comida! ¡Comida! >>_

Exigía con voz gutural y aguda.


Por suerte el pobre hombre trabajaba en una empresa inmobiliaria por lo que estafar gente y conseguir dinero sucio y fácil no era un problema para él. 
Sin embargo los últimos días el hambre de la valija era realmente insaciable. 

Fue aumentando poco a poco, primero comía dos veces por semana, luego una vez al día, al tiempo exigía las tres comidas diarias en horario y ahora tragaba con gula a cada hora. 
Y aquí comenzó otra vez su alarido infernal: _<< ¡Comida! ¡Contratos! ¡Dinero! ¡Comida! >>_

 

El empresario, pobre hombre, intentaba disimular mientras los clientes miraban atónitos. 

_<< ¡Firmen el contrato hijos de puta, tengo hambre!>>_ gritó rabioso el maletín.

La pareja de recién casados huyó del lugar aterrada. La maldita maleta no entendía que su actitud, su falta de control, jugaba en su contra y perjudicaban al negocio.


El hombre (pobre hombre) guardó la maleta en el baúl del auto y emprendió decidido el viaje al vertedero de la ciudad. Una vez ahí la arrojó con desprecio, antes de que la soltara ésta le dió un feroz mordisco arrancándole el reloj de oro de la muñeca. El hombre indignado se abalanzó sobre la maleta intentando por la fuerza abrirle el hocico y recuperar su Rolex. Regalo conmemorativo por sus 25 años como profesional en el mercado inmobiliario.

Se revolcaron por el suelo entre toda la basura de la ciudad. La maleta mordió fuerte y le arrancó la mano de un violento dientazo. 

El empresario gritó de dolor, su quejido se oyó varias manzanas a la redonda, pero valiente continuó la lucha, ¿Qué es una mano al fin y al cabo? Nada que una buena prótesis de última generación comprada en Estados Unidos no pueda reemplazar, pero el modelo de edición limitada de Rolex, con la inscripción de su nombre en oro era irremplazable.
La maleta mordió con más fuerza ¡le arrancó la otra mano! entonces el hombre comprendió que era inútil y que si quería vivir, debía huir, porque el hambre de la valija era endemoniado.

Sucio, pestilente y manco logró escapar, mientras tras de él la maleta se devoraba su auto último modelo. Corrió moribundo hasta llegar al centro de la ciudad, ahí pidió ayuda, sin embargo la gente lo ignoraba, lo miraba con asco, le hacía el quite. Un policía le dio una buena golpiza para que dejara de mendigar. 


Un par de horas después despertó tirado en la acera, un buen samaritano le había arrojado una moneda, intentó tomarla pero sin manos le era imposible. 
Sintió entonces una respiración enfermiza y virulenta a su espalda y una risita aguda: Era su maleta que con gesto infantil y burlón devoró la moneda del suelo y siguió caminado de la mano de su nuevo dueño, otro importante empresario de la ciudad que se perdió en el horizonte a paso apresurado.

 

 

 

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